Valeria O y Valeria Z (Avance Nº 2)

LAS TECNOPRÁCTICAS EN LOS MODELOS 1:1

Introducción

Podríamos zambullirnos en la tarea de imaginarnos que significan esas horas que los jóvenes pasan frente a una computadora: qué suma y qué resta en su vida cotidiana y en su desarrollo tanto personal como intelectual. Podríamos también preguntarnos a que futuro se enfrentan si la dinámica de su propia existencia se encuentra enmarcada en los alcances y límites de las tecnologías de la información. Sin embargo, a través de nuestro objeto de análisis buscamos indagar sobre una cuestión quizás más modesta, es sin más tratar de relevar que cambios se suceden desde que la institución escolar ha incorporado a sus aulas y a su tarea cotidiana una computadora portátil que acompañará parte de la jornada escolar.

Partimos más que de una premisa de una obviedad: la tecnología ha invadido nuestra vida. El mundo se rige desde hace décadas por el imperativo tecnológico. De este modo, no se podría esperar menos: las distintas generaciones fueron ingresando de modo diverso a este universo y descubriéndolo de acuerdo a sus intereses, incentivos, posibilidades socioeconómicas, etc. Siguiendo a Bosco “De hecho, la mayoría de características que podemos atribuir al mundo actual están relacionadas de una u otra manera con el cambio permanente debido, en parte, al incremento de la información disponible y la generación de conocimiento y a la proliferación y uso de la tecnología, esta última implícita en cada una de ellas” (2007).

Sin embargo, consideramos que posiblemente este nuevo escenario necesariamente haga mella en la nueva realidad pedagógica que buscamos abordar. Se presenta como un requisito que los docentes logren fomentar en los alumnos “hábitos y actitudes que le permitan seguir aprendiendo durante toda su vida, aprender a dar significado a la información de que disponen e interactuar con distintos soportes en los que la información se presenta sin olvidar ponerles en cuestión” (Bosco, 2007). En este sentido, los aspectos vinculados con los consumos culturales digitales realizados tanto desde un incentivo lúdico e individual como los estimulados por el docente dentro de un marco pedagógico, es un de los elementos que definen la relación entre los alumnos, la tecnología y la institución escolar. En ésta triada una de las principales dificultades reside  en “encontrar –concebir, desarrollar, implementar- usos pedagógicamente significativos que favorezcan el proceso de apropiación socioeducativa de los medios informáticos” (Levis, 2007), dejando de lado la tanto la visión puramente instrumental como también la meramente lúdica.

En este sentido, se plantea un potencial desacople entre, por un lado, un espacio de entretenimiento, placer y distracción generado por las nuevas tecnologías de la información y comunicación y por el otro un ámbito pedagógico donde tradicionalmente impera el esfuerzo, la disciplina, la competencia, el logro personal y la norma. Por este motivo podría resultar ardua la tarea de incorporar las TIC en el ámbito educativo, en sus prácticas, en su cotidianeidad ya que quizás, entre los alumnos y docentes, los usos de la tecnología están más asociados a su tiempo libre y a su instinto lúdico. Pero también, y enlazado con esta dicotomía, subrayamos la emergencia de sub culturas juveniles de la pobreza y la exclusión y una escuela que no logra asimilar en su práctica la conflictividad que le viene de afuera pero que, necesariamente, es parte del adentro.

Encontramos, indudablemente, un universo complejo para abordar. Estamos en presencia de una “sociedad red” que ha generado transformaciones en las formas de ver el mundo, en los modos de relacionarse con los otros, en las maneras de jugar, en el contacto con lo lúdico. Y una escuela que, habiendo producido muy pocos cambios “en su estructura y gestión mientras que la sociedad ha cambiado de forma rápida” (Begoña Gros, 2004), intenta adaptarse a este nuevo escenario, gravitando con un nuevo actor que viene a derrumbar años de tiza y pizarrón y que pone de manifiesto la necesidad de que la escuela colabore activamente con el proceso de apropiación de la tecnología. Asimismo, el ingreso de las netbooks al aula y su conexión en red “suponen una redefinición del aula como espacio pedagógico” (Dussel, 2011), el cual no puede ser abordado sin tener en cuenta la situación de los docentes, quienes se encuentran en una posición compleja porque muchos de ellos se han formado en “una cultura y una visión del significado de su profesión que ha cambiado” (Begoña Gros, 2004)

Las tecnoprácticas y el por qué de su relevancia actual

Los fundamentos que fueron elaborados para la presentación del Programa Conectar Igualdad refieren, entre sus preceptos, lo siguiente:

“Educación con TIC no es solamente el uso instrumental de las nuevas tecnologías sino que implica el aprendizaje de competencias de gestión de información, comunicación, intercambio con otros en un mundo global, capacidad de innovación y actualización permanente. Estos objetivos exceden aunque incluyen las habilidades informáticas”.

 “Educación con TIC debe incluir  un conjunto de propuestas didácticas como el aprendizaje por proyectos, la resolución de problemas, el trabajo mancomunado, la construcción de conocimientos  que apuntan a formar a los estudiantes para un escenario en el que el volumen y el dinamismo de la información se transforman en forma continua y acelerada”[1]

Resulta alentador encontrar en estas pautas una concepción de educación con Tic que excede el uso instrumental y se encuentra orientada a desarrollar capacidades como la de reflexionar, pensar, innovar, gestionar, etc. y a incentivar la facultad de los alumnos de “realizar operaciones complejas, moverse en distintas plataformas y aprovechar al máximo las posibilidades que ofrece la cultura digital” (Dussel, 2011). Siguiendo con los argumentos del programa, no bastaría sólo con enseñar cómo manejar las TIC, sino que se exhibe como necesidad el desarrollo de las capacidades de comunicar, reflexionar y fomentar un espíritu crítico.

Cabría preguntarse: ¿Qué transformaciones surgen en las prácticas con las tecnologías una vez que las mismas ocupan un lugar en el espacio de aprendizaje? ¿Qué ocurre con la especificidad de las interacciones de los espacios virtuales que las y los jóvenes construyen en sus ámbitos privados cuando ese mismo espacio comienza a ocupar nuevas dimensiones sociales al ingresar a la escuela? ¿Se puede pensar que las tecnoprácticas adquieren nuevas formas, otras aperturas, distintos horizontes cuando es la escuela la que comienza a ser parte del universo propio de las tecnologías de la información y la comunicación en su versión Modelo 1:1? ¿Se corren riesgos de caer en un tecnocentrismo al incentivar el uso de las TIC desestimando otras herramientas, “creyendo que la presencia de mucha y variada tecnología generará mejoras automáticas en la enseñanza y el aprendizaje” (Area Moreira, 2011)?

Estos interrogantes surgen a partir de la necesidad de explorar sobre los usos que los adolescentes dan a las tecnologías y las continuidades, disrupciones, encuentros y desencuentros en la propia práctica escolar. Por lo tanto consideramos pertinente acceder a una de las escuelas que cuentan con las Netbook para indagar tanto sobre los aspectos intrínsecos a las tecnoprácticas como sobre las particularidades que esta materialidad tecnológica generó en la institución y en el desarrollo del aprendizaje.

En cuanto a la metodología utilizada para la indagación, realizamos un estudio de caso para cuya consecución utilizamos técnicas de investigación cuantitativa y cualitativa que abarcan: observación no participante, encuestas con preguntas cerradas y abiertas y entrevistas tanto con alumnos como con docentes. El foco estará puesto en los alcances del Programa Conectar Igualdad en relación con los usos cotidianos que alumnos y docentes realizan de las TIC. Consideramos que las técnicas antes mencionadas son las más adecuadas ya que a través de la observación no participante podemos dar cuenta de las tecnoprácticas propiamente dichas y no de los discursos de alumnos y docentes sobre las mismas. Por otro lado, a través de las encuestas intentaremos que nuestros interlocutores puedan expresarse lo más abiertamente posible sin sentirse condicionados por las posibles intencionalidades que  inconcientemente pueden interferir en nuestro rol de entrevistadores y finalmente a través de las entrevistas buscamos orientarnos hacia la repregunta ya que consideramos que pueden surgir cuestiones que quizás no están presentes en los objetivos iniciales de esta investigación pero que de todas maneras pueden resultar pertinentes y dignas de ser abordadas.

Por consiguiente, el presente abordaje también nos conduce a reflexionar sobre la relación existente entre estos consumos culturales digitales y las maneras en las que la enseñanza acude a su presencia insoslayable. Es decir, ¿cómo saber por donde empezar si las prácticas de los jóvenes han ganado terreno por sobre las metodologías que deberían aplicarse una vez que la PC  ingresa en el espacio áulico?


[1] Se pueden ver los fundamentos en: http://www.conectarigualdad.gob.ar/sobre-el-programa/fundamentos-del programa/fundamentos-del-programa/

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