TP – Mercedes E. y Emma

INTRODUCCION

En el marco de la sociedad contemporánea, la cual se denomina “Sociedad del Conocimiento”, y específicamente en el área de la educación, existe una discusión explicita por la cual se construyen y se destruyen significaciones de manera constante por el hecho de que especialistas de distintos ámbitos científicos sostienen visiones y argumentos contrarios y yuxtapuestos que generan una tensión constante. Esta discusión o problematización a la cual me estoy refiriendo se basa estrictamente en comprender o desentrañar el poder y el alcance que tienen las nuevas tecnología, es decir, su capacidad (o incapacidad) de transformación, dentro del ámbito escolar y fuera del mismo, al momento en que un Estado Nación decide promulgar políticas que puede denominarse como “planes uno a uno” (de acá en adelante, “1 a 1”).

Entre las concepciones enfrentadas, encontramos aquella con la cual me propongo discutir en este ensayo. En términos generales, los intelectuales pertenecientes a esa corriente sostienen que la mera acción de integrar las nuevas tecnologías a la cotidianidad de la escuela tiene en sí misma el poder de modernizar integralmente el sistema escolar y transformar, en ultima instancia, la sociedad y sus sujetos. Podemos denominar a estos especialistas “los defensores del determinismo tecnológico” (Buckingham, 2008). Por un lado, los “deterministas” sostienen que el uso generalizado de computadoras, para poner el ejemplo mas paradigmático, permitirá mejorar el rendimiento de los educandos, generará formas mas creativas, coolaborativas e innovadoras de aprendizaje, solucionará todos los problemas que tiene planteada la educación escolar (Levis, 2007)  y transformará la escuela de manera radical acortando a su vez la brecha que la separa del “mundo real, tecnificado”.  Por otro lado, piensan que los sujetos o educandos con acceso a las tecnologías de la información, lograrán ser integrados a la llamada “Sociedad del Conocimiento” por el hecho de que hoy en día, en el marco de esta “era de la información”, la división social de los sujetos consiste en “sujetos alfabetizados digitalmente” y “sujetos analfabetos digitalmente”, es decir, entre aquellos que acceden y utilizan las nuevas tecnologías y aquellos que ni tienen la posibilidad de acceder a las mismas; y en resumen, los primeros son integrados y los últimos, excluidos de la sociedad y de la cultura.

De la discusión antes indicada se desprenden varios conceptos que luchan por ser definidos, pero que por las tensiones propias del campo académico transnacional no logran encontrar un anclaje o referente que satisfaga a la mayoría de los intelectuales. Los conceptos que están en revisión constante y que serán retomados de alguna u otra manera en este ensayo son: “brecha digital”, “alfabetización digital”, pero en especial, “inclusión digital”, “transformación de la escuela”, o mas puntualmente, “inclusión” y “transformación” a secas, siempre en relación con el tema/objeto que indicaremos a continuación.

Si entendemos que existe una relación cuasi directa, no mecánica, entre las concepciones que los sujetos sostienen y las acciones que ellos ejercen, podemos indicar que esta concepción “determinista”, desarrollada anteriormente, no es inocente bajo ningún sentido, en especial si es promulgada y ejercida desde los Estados Nación, los cuales generan política publicas de inclusión social y digital motivadas por este tipo de ideas.

Este trabajo de reflexión intentará centrarse en aquellos conceptos y concepciones medulares que sostiene el plan 1 a 1 llamado “Conectar Igualdad”, el cual se presenta a sí mismo como una “política de inclusión digital de alcance federal”. El programa fue creado en Argentina e involucra a la Presidencia de la Nación, a la Administración Nacional de Seguridad Social (ANSES), al Ministerio de Educación de la Nación, a la Jefatura de Gabinete de Ministros y al Ministerio de Planificación Federal de Inversión Pública y Servicios.

Los principales cuestionamientos con respecto a dicho programa del Gobierno Nacional, que intentaré problematizar en las siguientes páginas de este trabajo, se vinculan con las siguientes preguntas:

-¿Qué se entiende por “inclusión digital” en el programa Conectar Igualdad?

-¿Cuál es la relación entre la “inclusión digital” y “la inclusión/exclusión concreta y/o social y/o económica y/o cultural” que se plantea en los fundamentos y objetivos de Conectar Igualdad?

-¿Qué se entiende por “brecha digital” y de que manera, a partir de la implementación el programa, ésta puede ser acortada o superada?.

-En relación a esto ultimo, ¿es posible que a partir de la superación o achicamiento de la brecha digital, el Estado logre superar, o al menos achicar, lo que podría denominarse “brecha social”, la cual se refiere estrictamente a la división de clases sociales que se genera por la posición que ocupan los sujetos dentro de la estructura social?

-Por ultimo, ¿qué tipo de transformación se plantea en el programa Conectar Igualdad? En este ultimo cuestionamiento, se parte de la base de que el programa es promulgado por el Estado Nacional, quienes anuncian que llevan adelante un modelo de país “nacional y popular”, es decir, en términos de O’Donnel, un régimen de Estado denominado “Populista”.

Estos cuestionamientos surgen principalmente de la lectura de los fundamentos y objetivos del Programa Conectar Igualdad, publicados en la pagina web conectarigualdad.gob.ar.

La “inclusión digital” en el marco de la exclusión concreta de los sujetos sociales.

El problema de la inclusión/exclusión no es propia de la “era del conocimiento”, pero en las ultimas décadas ha ganado cierta relevancia por la emergencia de nuevas minorías y mayorías marginadas que pretenden tener voz e incidencia sobre su propio destino como sujetos sociales.

Los Estados Nación Latinoamericanos de fines del siglo XX, se han caracterizado por la implementación de políticas neoliberales, con la retirada del aparato estatal en tanto promotor y garante de los derechos básicos de los ciudadanos, generando así el empobrecimiento y la exclusión económica y política de la mayoría de la población. En lo que refiere al plano cultural, según explica Diego Tagarelli, “vastos sectores sociales quedaron al margen de su producción, circulación y consumo”, lo cual produjo que las manifestaciones populares, es decir, los referentes simbólicos culturales de representación popular, sean reemplazadas o resignificadas por referentes transnacionales pertenecientes a un régimen social que relega lo cultural a los requerimientos económicos e ideológicos de las fracciones dominantes que construyen la hegemonía mundial. Es así como se inaugura un proceso de “mercantilización de la/s cultura/s”, que excluye, del terreno de representación social, las costumbres de las clases populares (en términos de E.P. Thompson (a desarrollar en nota al pie), y del terreno de los beneficios económicos, a las clases populares en si mismas, y esto se realiza en pos de la inclusión de la sociedad latinoamericana en el régimen de la “Globalización”. En términos de Martín Barbero, se desarrolla un dispositivo complejo de “inclusión abstracta y exclusión concreta“, ya que la inclusión de los países latinoamericanos a la Globalización siempre a sido desigual, en términos de países dominantes/países dominados, en un intento de borrar lo heterogéneo en pos de la dominación y aculturación de las culturas populares latinoamericanas.

Para poner en relación lo dicho anteriormente con el Programa Conectar Igualdad, es preciso subrayar el hecho de que “inclusión digital” es uno de los conceptos claves que es definido rigurasamente, pero sin embargo, a través de una mirada critica de los fundamentos u objetivos del programa, se puede reconstruir el modo en que se significa y utiliza ese concepto.

Cuando se explica el origen del Programa, se manifiesta lo siguiente: “Formar parte de esta nueva sociedad, no estar excluido, implica cada vez más poder participar activamente a través de las nuevas tecnologías”. A su vez, agregan: “Conectar Igualdad, como una política de inclusión digital de alcance federal, recorrerá el país distribuyendo 3 millones de netbooks en el período 2010-2012, a cada alumno y docente de educación secundaria de escuela pública, educación especial y de institutos de formación docente”. “Construir una política universal de inclusión digital de alcance federal, incorporando equipamiento tecnológico y conectividad”.

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