ALFABETIZACIÓN DIGITAL EN ADULTOS

 

¿Qué ocurre cuando un analfabeto digital empieza a relacionarse con las TIC? ¿Cómo se ve modificada la relación con la gente que lo rodea?

Partimos de un axioma: política y paideia (educación) remiten a lo mismo. La política refiere, en su dimensión más profunda, a la domesticación humana vía educación. Así, podríamos hablar de una antropología áulica fuera de la escuela. ¿Qué sería entonces el “aula”? Cuerpo-mundo, unidad establecida entre mundo, computadora y cuerpo. El cuerpo arrojado al mundo se encuentra con la máquina, a la que podemos entender como aula. A partir de esta noción de educación, nos proponemos analizar los usos, apropiaciones y consideraciones que de las TIC hace un sujeto particular: se trata de José Manuel Couzo, 58 años, casado, tres hijos, empleado administrativo en una compañía de seguros. Su acercamiento está influenciado por sus pares y también con los integrantes de su familia, con quienes se generan tensiones. ¿Estos conflictos están atravesados por cuestiones generacionales? ¿El saber, en estos casos, es un capital cultural que genere distinción?

Para realizar nuestro trabajo vamos a utilizar como insumo una entrevista realizada a la persona en cuestión, además de un texto realizado en base a las observaciones que hicimos de su quehacer cotidiano. Entendemos que es preciso analizar los usos y apropiaciones que José Manuel hace de las nuevas tecnologías, y eso nos permitirá indagar sobre los vínculos que estas prácticas establecen en la relación con sus pares y familiares. Con esto, deseamos poder lograr una acercamiento, en términos de conocimiento, al proceso de alfabetización multimedial (si es que se da) en las personas de la generación de José Manuel.

Nuestra metodología de investigación se basa en la utilizada por Carlo Guinzburg en “El queso y los gusanos”: a partir del análisis de un caso particular, nuestra intención es poder establecer algunas generalidades. Se trata de un trabajo de inferencia que nos permite centrarnos en los detalles en un ámbito temporal que se centra en la actualidad, pero da cuenta de un proceso más largo y cuya temática posee una temporalidad cuyos bordes son difíciles de determinar, sobre todo a futuro. Hacer un juego entre el microscopio y el telescopio.

Dada la metodología utilizada, nuestro trabajo será un análisis de caso, expuesto de modo ensayístico. Esto nos permite adentrarnos con versatilidad en el tema, con una estructura abierta, un tipo de escritura ágil y que nos permita una exposición seguida de la argumentación. La profundidad requerida y la extensión también fueron elementos que nos hicieron volcar hacia este tipo de trabajo. Para realizarlo, contaremos con la entrevista realizada y las observaciones como material necesario para entender el caso de José Manuel.

Es necesario desterrar una concepción de educación que la limita temporal y espacialmente. Por un lado, a la infancia y adolescencia. Por el otro, a las paredes de las instituciones escolares. Por este motivo, decidimos dedicarnos a un caso que rompiera con estos supuestos. Optamos por una idea de educación en un sentido amplio.

Además, partimos desde otro supuesto: la persona que aprende busca hacerlo porque entiende que allí hay algo. La curiosidad es un excelente motor en la búsqueda del conocimiento, como sostienen autores como Freire o Morin. Parte de nuestro mayor interés se da en la ruptura de la dicotomía adultez-experiencia vs juventud-inmadurez. La necesidad de un padre de invertir la relación de conocimiento con sus hijos y hacerlo de manera consciente.

Por otro lado, la noción muy extendida de “nativos digitales” (posteriormente explicada) no nos satisface como categoría analítica. Por este motivo, nuestra intención es ponerla en discusión.

La alfabetización multimedia o digital de adultos está en la agenda de los organismos internacionales desde hace varios años. La UNESCO lleva adelante diversos cursos, donde la preocupación no pasa solamente por una cuestión etárea, sino también por las desigualdades sociales. Nota desde el portal: “¿Por qué la UNESCO fomenta el acceso a las nuevas tecnologías? Para la UNESCO fortalecer las capacidades de los ciudadanos para aumentar su autonomía y garantizar una verdadera participación de las comunidades es una prioridad, con la visión de que son herramientas para el desarrollo.”[1]

Para Luis Paz Saavedra, de la Universidad de Nariño, Colombia, la alfabetización digital en adultos forma parte de una estrategia de inclusión social. Además, diferencia las distintas etapas de la adultez. Una noción clave es la de “andragogía”, que es la disciplina que se ocupa de la educación y el aprendizaje de los adultos. La importancia de esto radica en que es necesario “tomar en cuenta las características bio-psico-sociales de estos, de igual manera es necesario darle importancia a sus experiencias anteriores, presente y futuras, es por ello que el aprendizaje en la edad adulta no puede ser comparado con el de un niño y es indispensable pensar en la distinción de los propósitos, fines, formas de atención, tipos de materiales y formas de evaluación de los aprendizajes durante esta etapa”[2]

Hoy en día, una gran mayoría de los estados ofrece planes de alfabetización digital para adultos inmersos en áreas de andragogía. Por ejemplo, existe la American Andragogy University en Estados Unidos y también un espacio específico en la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez en Venezuela.

 

Consideraciones iniciales

En el marco de un proceso de alfabetización digital en un adulto, donde quizás la adquisición de algunas herramientas no implica necesariamente alfabetización, es necesario entender la situación inicial: como plantea Manuel Area Moreira, con el avance de las nuevas tecnologías, la noción clásica de alfabetización, entendida como lectoescritura, ya no alcanza. Aquel “viejo” alfabetizado debe desandar su camino para poder alcanzar la codificación y decodificación de los nuevos soportes.

Estos nuevos soportes implican el atravesamiento entre la capa cultural y la informática, como sostiene Lev Manovich. Esa imbricación la debemos tener en cuenta al analizar los usos que José Manuel le da a las nuevas tecnologías. A su vez, vamos a comparar la idea de una pantalla ubicua, presente en todos lados, que genera tecnomadismo, en términos de Levis, con las apropiaciones que se observan en nuestro caso de estudio.

Si, según Divina Frau-Meigs, Internet permite la co-colaboración en la construcción de conocimiento, ¿dónde se insertan José Manuel, sus inquietudes y necesidades en este esquema?

Por último, algunos teóricos como Alejandro Piscitelli o Marcelo Urresti, insisten con la noción de “Nativos Digitales”, y la diferencian a lo que se puede denominar como “Inimigrantes digitales”. Estas nociones presentan algunas complicaciones que luego serán desarrolladas.

El caso de José Manuel Couzo

Si atendemos a la distinción entre política entendida como campo, como lugar de disputa por ese instrumento de poder cristalizado, el Estado (en cualquier nivel), y la política como el poder disperso (aún no cristalizado), atomizado en distintos actores/grupos/movimientos tendientes a producir acontecimientos vinculados a los asuntos públicos; lo político y la política conforman una misma cosa. En el tiempo se despliegan ambas de manera sucesiva. Ningún Estado puede avanzar en ninguna dirección sin desplegar o hacer inteligible esa dispersión de poder de la política. Es por eso que política y paideia remiten a lo mismo, a dotar de forma al homo sapiens. La política está establecida en tanto capaz de generar hábitos nuevos, de instituir elementos novedosos en una cultura, elementos que más tarde serán recuperados por el campo político, el campo jurídico, el campo mediático, el campo económico. Así puede decirse que la educación no es patrimonio exclusivo de la escuela. Tal vez nunca lo fue. Si la paideia rebalsa por todos los flancos entonces no debe sorprender a nadie el modo de aprendizaje que se dan en las redes sociales. Qué se aprende y en función de qué sociedad va esa pedagogía, es otra discusión.

Entender a la educación solamente a partir de las instituciones educativas, es tomar como punto de partida una noción cerrada acerca de la educación. Más aún, es posible establecer conocimientos y aprendizajes en la propia escuela, más allá de los contenidos. La mirada cerrada clausura debates necesarios, pero también la comprensión de fenómenos que hoy por hoy no pueden escapar al ojo de cualquier analista en la temática. La construcción de las subjetividades se ve directamente atravesada, también, por las nuevas tecnologías y los medios de comunicación. La escuela ya no detenta (si es que alguna vez lo hizo), la posibilidad de reforzar o transformar posiciones que adoptan los sujetos en los diversos ámbitos de la vida. Además de la familia, se asiste a un estallido que fragmentó en mil pedazos esa tarea.

Cobo y Moravez observan que fuera de los ámbitos institucionales de la educación, la tecnología lleva adelante una nueva ecología del aprendizaje, donde lo no formal es cada vez más determinante. Es lo que los autores definen como el “aprendizaje invisible” o “aprendizaje informal” en términos de Levis.

En cuanto a lo que sostiene Manuel Area Moreira, hoy por hoy, la noción de alfabetización entendida como lectoescritura, no alcanza para lograr un acercamiento a todas las manifestaciones culturales. Incluso la vieja noción implica una herramienta que puede estar separada del entendimiento. Saber identificar las letras, la coordinación, la sonoridad; no implica necesariamente conocer. En tal sentido, es clave la noción de alfabetización digital: un proceso que permita codificar y decodificar ya no solamente aquello que viene de la cultura letrada, sino también lo que proviene de la digital. En este caso, también se produce el conflicto con el entendimiento. Un ejemplo claro de las nuevas necesidades lo ofrece el mercado laboral: hoy se necesitan tener ciertos conocimientos de herramientas informáticas como procesador de texto y mail. José Manuel se vio forzado a adquirir esos conocimientos, en el marco del trabajo, que hoy le exige saber manejar hojas de cálculo, editores de texto y correo electrónico.

La experiencia de José Manuel Couzo no se posiciona desde un lugar paradigmático. No se trata de una referencia especial, con características únicas. Más bien, todo lo contrario. Su caso nos permite poner la lupa sobre los detalles, sobre los usos, apropiaciones y hasta representaciones que él mismo establece en su relación con las nuevas tecnologías.

La masificación de la telefonía celular, que en la Argentina podemos ubicarla desde hace casi 10 años, tardó algo de tiempo en incluir a José Manuel: recién se compró su primer teléfono en 2006. Su principal argumento para la tardanza no fue económico, sino ideológico: “No me gusta que te anden controlando todo el tiempo. Igual, hoy por hoy, no podés estar sin celular”. Con el tiempo, fue aprendiendo que ese aparato le brindaba otras herramientas. Una de ellas, la más importante en su incorporación a la informática, es la música.

José Manuel se consideraba una persona avanzada en cuanto a ciertas técnicas que poseía: conocía cómo hacer compilados musicales con casettes. Así, se pasaba horas armando, desarmando y seleccionando entre Los Chalchaleros, José Larralde, Los Quiyaguasi, La Negra Sosa, los Coplanacu, Raly Barrionuevo. Sin embargo, en algún momento observó como sus pares tenían cd’s con miles y miles de archivos musicales, los transportaban y los compartían. Así fue como llegó a pedirles a sus hijos que le enseñaran a realizar esa misma tarea. ¿Por qué a los hijos? Porque los observaba tener una relación cotidiana con esas herramientas que hasta ahora le eran ajenas. Esta cuestión plantea diversos puntos: por un lado, tiene implicancia con la noción de “nativos digitales” que plantea, junto con otros autores, Alejandro Piscitelli. Esta noción implica una diferenciación etárea (aunque no solamente) en los usos de las nuevas tecnologías, que implicaría que aquellos que nacieron inmersos en un mundo digital, al que sitúa desde la década del 80, adquirieron de manera natural la facilidad para codificar y decodificar esos procesos. Si tomamos en cuenta la definición de “nativo” de la RAE, nos encontramos con algo similar: “Innato, propio y conforme a la naturaleza de cada cosa”[3]. La idea de la naturalidad y de la esencia, puede ser fuertemente discutida. Considerar una facilidad en una generación por una cuestión innata es desentender la diversidad de los procesos sociales, de la construcción de conocimiento y la adquisición de disponibilidades. A la vez, clasificando por la diferencia, existiría una natural dificultad por parte de los que no nacieron en esa generación (considerados inmigrantes) para adquirir esas habilidades. Esta idea también es compleja, y si se da en una gran mayoría de casos, es porque responde a fenómenos sociales.

El mismo José Manuel explica que acudió a sus hijos porque observaba esa utilización cotidiana y cierto tipo de desenvolvimiento. En tal sentido, hay una inversión de la representación clásica de la educación. Para Durkheim, la educación es la transmisión de la cultura de las generaciones adultas a las jóvenes. Entonces, asistimos a la ruptura de esta idea, lo cual implica en términos del propio José Manuel una inversión que adquiere una doble dimensión: por momentos, lo positivo de la ruptura de las jerarquías padre-hijo, que se ve reflejado cuando él valora el haber ayudado a uno de sus hijos a comprarse un auto, y realizó la búsqueda por Internet. Y en otros, lo negativo de esa misma disposición, al ser quien detentaba ese poder y se encuentra del otro lado con el desinterés o la burla que a veces recibe de sus propios hijos por desconocer ciertos funcionamientos. En esos términos, la instrucción pedagógica navega entre algunos momentos de consulta y otros de investigación autodidacta.

Aquí observamos como una práctica cultural, como la de escuchar música, que ya estaba atravesada por un dispositivo tecnológico, se entrecruza con nuevos modelos culturales. Lev Manovich que hay ciertas características que se modifican del pasaje de las viejas tecnologías a las nuevas. En este caso, el acceso aleatorio en lugar de la grabación secuencial, la capacidad de almacenamiento y la no pérdida de calidad en la multiplicación de las copias. Estos elementos fueron clave para que José Manuel decidiera modificar sus prácticas cotidianas.

Una vez que los hijos le explicaron cómo bajar música, e incluso cómo incorporarla al celular, la relación entre José Manuel y las nuevas tecnologías se volvió más armoniosa: lejos de un interés en profundizar el conocimiento o las prácticas, le alcanzó con tener a mano las herramientas que le otorgan ciertos beneficios en sus consumos musicales. Esto le permitió establecer vínculos con sus pares, a quienes supuestamente habría equiparado en cuanto al volumen de su capital cultural. Sin embargo, se encontró con que seguía disminuido: “Mis compañeros de la oficina son un avión, la tienen muy clara”, sostuvo en relación al uso de las redes sociales como Facebook y Twitter. Sin embargo, a pesar de esto, no existe un interés de su parte para incorporarse a ese mundo: “Yo me quedo afuera porque no sé cómo se usan esas cosas (sic). No entiendo cómo la gente grande se pasa horas delante de la computadora mirando eso”. En estas declaraciones aparece el desinterés por el uso, y también por el aprendizaje, a pesar de que ese desconocimiento lo relega entre sus pares. Pero también se observa que hay una representación vigente que implica una diferencia generacional: las redes sociales son cosas de chicos. Esta afirmación va en la dirección contraria a una idea de educación amplia, incluso también reduciría el carácter educacional de los juegos, que serían, también, practicados por los jóvenes.

En tiempos donde la pantalla parece haber adquirido ubicuidad, José Manuel se aferra con fuerza a su PC. No desconoce los beneficios que la adquisición de conocimientos le trajo, pero no existe, todavía, una apropiación que le permita producir material propio. Incluso, rehúsa de varias de las prácticas cotidianas que lo rodean. A su vez, no llega a tomar consciencia de todo el andamiaje que implica su principal actividad, es decir, la descarga de música. Pareciera como si por arte de magia, Internet fuera una especie de totalidad en la que los usuarios tienen derecho a acceder y seleccionar. Sin embargo, para que esa música llegue a José Manuel, fue necesario que alguien la compartiera. No hay reconocimiento de un otro, sino un derecho adquirido, que se expresa en su bronca por “tener que pagar ahora lo que antes bajaba gratis”

Conclusiones

            El estallido de las nuevas tecnologías en las últimas décadas ha echado por tierra a la noción tradicional de alfabetización. Si bien, en términos generales, puede plantearse que históricamente leer y escribir no alcanzaba para definir a la alfabetización como una práctica emancipatoria per se, ya que la identificación de los signos no implica necesariamente su comprensión; hoy por hoy asistimos a una devaluación de la lecto-escritura.

La multiplicidad de elementos que moldean a la subjetividad y que han roto la hegemonía de una cultura letrada, hacen que sean necesarias adquirir nuevas disponibilidades que se encarnen en el cuerpo. Nuevas herramientas que permitan codificar y decodificar imágenes compleja, sonidos, combinaciones. Nuevas sensibilidades en relación a las significaciones sociales. Nuevas formas de relación con los elementos de la vida cotidiana.

Este fenómeno produjo una inversión en los términos del conocimiento: de la transmisión las generaciones adultas a las jóvenes, a un desconocimiento mayor de los más grandes en relación a los nuevos lenguajes y prácticas. Históricamente, la sabiduría fue monopolizada por las generaciones mayores en una relación desigual con las menores. En la actualidad, existe el consenso generalizado sobre el conocimiento que tienen los más jóvenes, mayor que los adultos, en términos de alfabetización multimedia. Esto ha llevado a diversos teóricos a esbozar una idea de natividad que se toca tangencialmente con una noción esencialista y naturalizadora del conocimiento, dejando de lado los procesos históricos que han llevado a la mencionada inversión.

José Manuel pertenece a una generación que antes “conocía” y “dejó” de hacerlo. La ruptura en términos simbólicos es muy potente. Esto se da, además, en un contexto en el cual los jóvenes no encuentran en las generaciones adultas a sus referentes. La crisis de la autoridad docente pasa por este lado, se relaciona con la explosión de las TIC y con los modelos propuestos desde los medios de comunicación.

En este cambio de paradigma que debieron sufrir los hoy adultos, la devaluación de sus conocimientos tradicionales implicó dos reacciones diferenciadas, pero que pueden convivir con total normalidad, como se observa en el caso de José Manuel: por un lado, el interés por la adquisición de estas nuevas disposiciones, y por el otro, el rechazo y desprestigio. La primera reacción responde a que conocer es poder. No en términos políticos, sino de posibilidad. El conocimiento le permitió a José Manuel maximizar una práctica cotidiana. Pero además, el conocimiento es autoestima. Así queda de manifiesto cuando se enorgullece por haber ayudado a su hijo a comprar el auto, y por haber podido utilizar Internet para hacerlo, o cuando se siente en condiciones de igualdad en relación con sus pares, en este caso, los compañeros de trabajo.

En la otra cara de la moneda, aparece el desprestigio hacia las formas desconocidas. Aquello que pone de manifiesto el desconocimiento, es tomado como un enemigo, y se apela a diversas significaciones sociales, muchas veces lugares comunes, para hacer bien explícito ese rechazo. Sucedió, en este caso, con las redes sociales. Esta imbricación entre dos reacciones posibles (una tercera sería el desinterés) podría pensarse en términos de táctica de De Certeau: frente a un poder establecido, ajeno, la acción calculada. En este caso, frente a las nuevos “sabios”, alfabetizados multimedialmente (que pueden ser jóvenes o de su generación), la acción de un sujeto que se debate entre la aceptación y el rechazo.

El crecimiento de la técnica se ha dado de manera exponencial en las últimas décadas (incluso se ve alimentado y frenado por la acción del mercado) al punto de que la capacidad de reflexión sobre estos fenómenos queda desfasado y atrasado. Ese estallido, que también se dio en lo multimedial, generó una brecha diferencial entre generaciones que nacieron en un tiempo en el que este proceso se da de forma cotidiana y aquellos que nacieron en otra época y deben (¿deben?) adaptarse a él. Queda una pregunta por formular: ¿Asistiremos, en las próximas generaciones, a nuevas diferencias en el conocimiento o el vértigo hará imposible construir relatos duraderos?


Materiales de la cátedra:

AREA MOREIRA, Manuel (2012): “La alfabetización en la sociedad digital”

COBO, C y MORAVEC, H (2011): “El aprendizaje invisible”

FRAU MEIGS, Divina (2011): “El vínculo entre educación para los medios y derechos humanos: Una necesidad y una oportunidad” en Derecho a Comunicar. Número 1. Enero-abril 2011, México

LEVIS, Diego (2012) “Tecnomadismo digital: De la escuela moderna a la escuela ciberista. Enseñanza y aprendizaje en la pantalla ubicua”

MANOVICH, Lev (2006):   “¿Qué son los nuevos medios?”  En El lenguaje de los nuevos medios de comunicación. Buenos Aires: Paidós

MORIN, Edgar (2010): “Anotaciones para un nuevo Emilio. Transmisión sintética del conocimiento” en Signo y Pensamiento 56 pp. 42-49 volúmenes XXIX. Bogotá (Colombia)

Materiales externos:

BOURDIEU, Pierre (1979): “Los tres estados del capital cultural”

BUENFIL BURGOS, Rosa Nidia “Análisis de Discurso y Educación”. Documento DIE 26. Departamento de Investigaciones Educativas. Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional.

DE CERTEAU, Michele (1980): “La invención de lo cotidiano”

GUINZBURG, Carlo (1976): “El queso y los gusanos”, Einaudi, Italia

PISCITELLI, Alejandro (2009): “Nativos Digitales”, Santillana, Buenos Aires, Argentina

PUIGGROS, Adriana (1995). Reflexiones para educadores y educandos, en Volver a educar. Buenos Aires. Ariel TORRES, Carlos (2001) “Grandezas y miserias de la educación latinoamericana del siglo XX”. En Torres, Carlos (comp.) Paulo Freire y la agenda de la educación latinoamericana en el siglo XXI. Bs.As.: CLACSO.

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