Debate: ¿Escuela generalista o escuela personalizada?

A raíz de lo planteado durante los últimos minutos del teórico del miércoles pasado, les animamos a continuar el debate por este medio para retomarlo en el próximo encuentro:
Ante las propuestas de diversos autores de la conveniencia de que la educación escolar responda a los intereses personales y comunitarios de cada estudiante en oposición al modelo de educación nacional impuesto por la escuela moderna con contenidos de vocación universalista qué resulta más conveniente para la vida de cada estudiante y para el conjunto de la sociedad.
¿Cuáles son las ventajas y desventajas de cada una de estas posturas? ¿ La defensa de los saberes locales excluye los saberes “universalistas”? ¿Es deseable que la educación se centre en los intereses y deseos personales de cada estudiante? ¿De qué modo se definen e identifican los intereses de cada persona? ¿Qué factores intervienen en esta definición?
Estas son algunas de las preguntas que se me ocurren como disparadoras del debate. Hay muchas más. Adelante. Esperamos sus opiniones.

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9 comentarios en “Debate: ¿Escuela generalista o escuela personalizada?

  1. Ya todos sabemos que la escuela reproduce desigualdades, donde parecería que el “más fuerte, gana”; también sabemos que el sistema educativo prepara para el ingreso al sistema laboral. Ahora bien, quienes ingresan a esa sistema laboral formal son los mismos que “triunfan” en el sistema escolar: los más disciplinados, los más obedientes, los que respetan las normas y no se quejan o no quieren algo distinto a lo que tienen.

    Pienso que, al hablar de “lo universal”, deberíamos preguntarnos ¿Para quién es universal lo que estamos reproduciendo, pensando o diciendo? Creo que todos los sujetos son distintos y cada uno tiene maneras, tiempos, intereses distintos de “aprender”. La sociedad incluye de forma discursiva pero excluye en los hechos. La escuela sigue esa tendencia.

    Debemos defender las cuestiones de nuestro lugar, debemos ser más latinoamericanistas, más nacionalistas, para contar y saber más sobre nuestra historia (la de toda la región) y dejar un poco de lado las cuestiones “universalistas” sin que eso nos haga ser extremistas, teniendo en cuenta que todo tiene intereses por detrás (y los intereses más fuertes parecerían ser los “universales”).

    Creo que docentes y estudiantes deben trabajar en conjunto y acompañándose. Debe preguntársele, a los estudiantes, qué les interesa, qué quieren ver, qué quieren hacer y hacer un arreglo entre todos (institución, docentes, materias, estudiantes) para que el ir a la escuela no sea algo tedioso y/o frustrante, lo que puede llevar a deserción. Sin olvidar que, como venimos diciendo, los estudiantes son los primeros a los que “toca” el sistema educativo y, la mayoría de las veces, los últimos en ser consultados en cualquier cuestión que a ella atañe. No veo mal que se les muestre a los estudiantes cosas que ellos no conozcan, porque así conocerán cosas distintas a las que están acostumbrados (también por cuestiones de clase, claro está), lo que les permitirá elegir o comparar y así criticar y argumentar con fundamentos.

  2. APORTE DE MARÍA ALMIRÓN (publicado por indicación de su autora) .

    Hola a todos!
    Se me ocurre dejar a un lado los extremos para pensar mejor en algo como “saberes globales para una sociedad local”, es decir cómo hacer para que el horizonte de la educación apunte a crear sujetos históricos en el sentido en el que lo plantea Freire pero considerando siempre que somos parte de un engranaje y de una sociedad real, y que por eso al final del recorrido también debemos contar con las armas para enfrentar el mundo, no desde la ambición sino desde la realidad.
    Creo que esta frase me ayuda a pensar la educación a partir de un sujeto histórico en su contexto y con la idea de formar ciudadanos reflexivos y problematizadores (por eso lo de local) pero al mismo tiempo aptos para enfrentar los embates de la vida y con las herramientas necesarias para salir adelante y ganarse el pan (de ahí lo de los saberes globales aunque, por supuesto, incluirían lo local). Quizá este sea el camino para que los estudiantes le encuentren sentido a su aprendizaje, bajo esta doble órbita en la que confluye la necesidad de los jóvenes de ser mirados, comprendidos, escuchados y valorados como sujetos -construcción de ciudadanía, capacidad reflexiva, sujeto político, histórico, etc- con su necesidad de aprender lo necesario para luego salir al mundo. Creo que entre uno y otro contrapunto es cuando sucede lo mejor, cuando se va constituyendo el sujeto después de todo. El saber en todas sus manifestaciones (el de la currícula y el que transcurre silencioso en las aulas) nos hace crecer, nos ayuda a revisar, nos permite tener nuevas miradas sobre el mundo, nos ayuda a encontrar trabajo y saber que eso queremos… o bien que no es lo que queremos o que algo no debe ser como es, en nosotros, en ellos y en el mundo. Nos permite cambiar y saber que es posible algo distinto y es en este sentido que me gustaría pensar la educación.
    Muy a mi pesar debo aceptar que vivimos en una sociedad capitalista en donde existe la competencia, los títulos, las exigencias en torno a las habilidades y los saberes y muchas otras realidades. Y además, en una Argentina acostumbrada a las tormentas y a la inestabilidad latente más allá de partidismos. Pensar la educación desde esta doble realidad es quizá ceder en utopías en uno y otro sentido protegiendo lo que ellos -educandos, alumnos o como se los quiera llamar- necesitan para constituirse como personas valiosas, creativas, sociales, reflexivas y hábiles a la hora de desenvolverse en el mundo y de ser, simplemente ser, estar y permanecer. Y cambiar porque no.

  3. Sigo compartiendo “en principio” que sería posible combinar “lo universal” con “lo particular”. Entendiendo esto último como culturas regionales, comunitarias, territoriales. Pero pensándolo bien, es desde ya problemática la idea de Universal. ¿Quién define cuál es el conocimiento universal? Creo que lo sabemos, pero no lo asumimos como tal. Es un mito en el sentido de Barthes. Por eso desde la Teoría M-C-D en autores como Aníbal Quijano se habla de la Modernidad como un falso universal.

    Si nos ponemos a observar, las primeras universidades las hicieron los misioneros cristianos (primera misión civilizatoria, evangelizar en la religión “universal”). En la actualidad uno puede destacar la noción de “Derechos Humanos” como universales, pero en nombre de ellos también EEUU invade los países que considera que no los respeta. Por supuesto, lo hace como argumentación ideológica y por eso mismo muy efectiva.

    Creo que si seguimos rescatando la figura de Sarmiento no podemos escapar de esta matriz civilizatoria: Para Sarmiento “incluir” se hacía con letra y sangre, sólo para quienes consideraba que podían formar parte de la Nación Civilizada. Y la verdad es un rasgo de Colonialidad pensar que los “pueblos originarios” deban dar cuenta de su identidad, cuando el argentino sigue asumiendo que “desciende de los barcos”.

    En tal sentido la educación no es súper-estructura, es la estructura misma por la que se forma la idea de una sociedad, a partir de la cual se logra una acumulación económica. Primero vino la idea de Nación para culminar el genocidio en la “Conquista del Desierto”, que fue tanto en la Patagonia como en el Norte. Detrás de la idea de nación, están los intereses de un proyecto de país oligárquico.

    Por eso la hipótesis sería más bien la contraria. Que las culturas indígenas-campesinas hayan quedado caracterizadas como bárbaras o salvajes… Eso es el proyecto oligárquico. (Seguimos teniendo rechazo a la idea de escuelas campesinas). Que abandonen sus territorios y migren a las ciudades beneficia al terrateniente. Si sabemos ver, eso sigue pasando hoy con la frontera sojera, para la que nos dicen que la administran los (universitarios) ingenieros agrónomos, pues ellos sí tienen el conocimiento moderno.

    La Educación Universal genera siempre condiciones de Colonialidad. Quien decide qué es lo Universal tiene la potestad de decir -todavía hoy- qué es Civilización y qué es Salvajismo. De decidir qué es lo Humano y -¿paradójicamente?- esa misma idea puede aparecer como progresista (humanista), cuando puede ser sólo la insistencia de un modelo civilizatorio que hoy se encuentra en una profunda crisis.

  4. Considero que la perspectiva saberes particulares/ saberes universalistas, por un lado, y la cuestión sobre si los contenidos que se dictan en los colegios les sirven (y ¿para qué?) a los estudiantes y la especialización de los saberes, por el otro, no pueden ser analizados de modo independiente a la coyuntura económica. En definitiva, estamos todos regulados por un modelo que define el modo en el que somos evaluados y que nos clasifica a la hora de conseguir empleos, a la hora de especializarnos y a la hora de obtener premios o castigos según logros/fracasos obtenidos.
    Por otro lado, e introduciendo la perspectiva de Morin: “para transformar las mentes es necesario transformar las instituciones, pero para transformar las instituciones es necesario transformar las mentes”, se plantea la necesidad de establecer una comunicación entre la cultura humanista y la cultura científica, relación que se imposibilita por una educación que no se interroga por el hombre ni por su naturaleza biológica, psicológica y social.

  5. Dado el debate, creo casi obligado partir de la noción del individuo y que peso se le da a él, en tanto sujeto de derecho, respecto a la noción de “derechos sociales”, con los que muchas veces parecería chocar.
    Hay algo que en el individuo pesa mucho más que en lo “social” y es la noción de “DESEO”.
    El individuo desea. Y, desde su conformación como tal, siempre hay un “otro”, que limita su deseo.
    El otro, que puede ser una persona, o el medio circundante (social y natural), que también modelan y limitan ese deseo. El afuera, donde está el otro, siempre limita el deseo.
    Además, ese deseo, de cuño individual, constituyente del sujeto (como diría el psicoanálisis) a su vez es de conformación histórica, instancia donde también entra lo social.
    O sea, Individuo y Sociedad, lejos de ser cosas contrapuestas, son como las dos caras de la misma moneda. Y por eso, a su vez la separación individuo y sociedad, es problemática. Ninguna novedad en esto. Toneladas de autores reflexionaron y lo siguen haciendo sobre este tema.
    Pero sí me parece que poner esta lista somera en el tapete, a modo de introducción, sirve para pensar que el individuo todopoderoso, que en esta época aparece como una realidad evidente e incuestionable, es una abstracción cuya concreción es HUMANAMENTE imposible.
    El ser humano es un animal simbólico. Y lo simbólico, o cultural, es una producción social donde ese animal humano nace, se crea y reproduce.
    La complejidad y la interacción con el otro es en realidad parte inherente de ese individuo que se cree atomizado, único y todopoderoso. Y en ese sentido, y esto va por mi cuenta, abstracto.
    Somos animales sociales. Y la forma que tiene nuestra especie para lograr esta socialización, es en base a la peculiaridad de tener una gran capacidad de producción simbólica, (que deriva en una cultura que nos constituye). Es la interacción con el otro la que nos conforma como sujetos (no hablo acá del sujeto moderno, sino de algo mas antropológico, me excuso en ese sentido por la seguramente errónea elección del término, pero estoy escribiendo esto en mi hora de almuerzo laboral).
    Hay algo que parece sobrevolar a muchos autores que hacen apología del individuo, que es el de una suerte de “alienación” que la sociedad le impone al individuo para su reproducción social, que lo mutila. Y entonces el tema empieza a ser cómo cortar esas trabas sociales que el individuo tiene, para así lograr “ser” y proyectar así sus posibilidades infinitas, que tienen que ver con una existencia libre y creativa.
    (Aclaro, sigo hablando en un nivel casi “antropológico”, no pienso acá en las distintas formaciones sociales históricas, entre las que está la sociedad de clases en que nosotros vivimos).

    El compañero que lanzó en la clase de Teóricos el interesante tema que aquí nos convoca, ejemplificó con la cultura de los pueblos originarios. Y, si no le escuché mal, el choque cultural respecto de la imposición cultural de los polos dominantes de un Estado Nacion hacia otros sectores sociales, subordinados. Y así, se imparte en la educación una cultura del poder, por sobre una cultura oprimida. Y, si mal no recuerdo (puedo estar confundido), se preguntaba respecto a por qué no habría lugar en una currícula educativa institucional para los saberes locales de cada grupo, que responden a sus intereses y necesidades.

    Respecto a esto, se me disparan distintas cuestiones (y ninguna respuesta):

    1) Las sociedades llamadas tradicionales, que suelen tener una concepción cíclica del tiempo, diferente de la líneal como la del relato religioso judeo cristiano, al que a su vez retoma la revolución filosófica moderna nacida en occidente, con toda la noción de progreso lineal y acumulativo que conlleva. En ese sentido, la noción de “transformación” es inherente a la concepción lineal del tiempo, (retomada por la modernidad ya en su cuestionamiento total de todo, desde que ese “todo” surge de un contrato social y no de un mandato divino).
    La “transformación” no es inherente a la concepción del tiempo cíclica, que siempre vuelve a un eterno retorno y donde el rol transformador del sujeto social no tiene tanto peso. Por ende, la angustia del individuo por ser, sobresalir y diferenciarse, se resuelve de una manera muy distinta en uno y otro mundo. La angustia por “ocupar el lugar que hay que ocupar” es distinta en uno y otro mundo. Desde ya que, si se pudiera cuantificar, creo que la angustia es mayor en el mundo del tiempo lineal y desencantado, donde el sujeto debe “escribir” la historia (o su historia), que en el mundo del tiempo cíclico (donde la historia, ya está escrita).

    2) Las sociedades tradicionales, en su enorme mayoría, ya mutaron. Los Estados Nacionales y el sistema de mercado y la división social de clases, hace rato que las “tocaron” o “arrasaron”, (según el caso). En ese sentido, esas sociedades tradicionales que aún hoy existen, se desenvuelven en el complejo mundo de las “culturas híbridas” sobre las que pensó García Canclini analizando el complejo mundo social latinoamericano de finales del siglo XX. Tienen cosas de su mundo tradicional y otras de este mundo “moderno”. Y en general, suelen ocupar los estratos mas bajos de la división social clasista. Y, a tener en cuenta, en este nuevo siglo, parece estar habiendo una re valorización por parte de esos grupos, de su identidad tradicional, que están teniendo mayor visibilidad.

    3) En ese sentido, esas sociedades tradicionales, hibridadas, TIENEN INTERÉS en conocer y usufructuar las transformaciones que se dan en el mundo “moderno” (en el sentido filosófico del término), sean técnológicas, culturales, legislativas, de salud, educación, etc. De hecho, así es como intervienen en la vida social nacional. Como sujetos de derechos (no respetados). En ese sentido, veo un doble movimiento de RESCATAR su identidad y algunas cosas de su pasado (no todas, simplemente porque ellos ya cambiaron y el mundo en que se insertan, también cambió) y a la vez EXIGIR ser beneficiarios de los adelantos que se dan en los centros de poder. Y de los que ellos, hoy no son beneficiarios. En ese sentido, ellos quieren APORTAR desde su identidad, pero también RECIBIR LO UNIVERSAL, que es a lo que aspira cierta cultura moderna, por lo menos en su matríz original.

    4) Ya entrando de lleno al mundo moderno, ya desencantado, el dilema del individuo y lo social se viene dirimiendo en las luchas entre los polos capitalista y comunista. El tema es que a ese individuo, preso de sus deseos, que tan bien parece amoldarse a las reglas de juego propuestas por el capitalismo, aún pudiendo perder (que, no por nada, es el sistema que lo creó), le cuesta moderar sus deseos en pos de un bien social general, que es lo que el mundo socialista, en su superación al capitalismo, pretende crear: el “hombre nuevo” fue el objetivo proclamado por las luchas y revoluciones socialistas. “Hombre nuevo” en tanto nuevo sujeto social, producto también de una sociedad Moderna, pero ya sin división de clases. Un individuo que encuentre su libertad y realización en la fusión con el bien común general. Un individuo no atomizado. Tema no dirimido ni mucho menos acabado, ya que, es en ese mundo (donde habitamos nosotros), donde justamente la historia se sigue escribiendo, linealmente (lo de sus resultados históricos, es para otra reflexión).

    5) Hoy, ciertos autores y escuelas filosóficas, hacen una oda al “niño – individuo”, atosigado por instituciones y demás, que traban su potencialidad individual, creativa e infinita. Y por ende, piensan en un proyecto de adulto abocado totalmente a la creación. Como dicen en las clases, un sujeto funcional a un modelo de empresa tipo “Google”. O sea, un tipo de trabajador, para algunas funciones sociales. Pero no a un obrero que trabaja en una de las tantas manufacturas industriales, o a un oficinista que debe realizar sus funciones burocráticas, todas funciones necesarias para el actual funcionamiento del conjunto social.

    6) Sin embargo, cuando esos autores piensan en eso, piensan en adelantos científicos, artísticos, etc. Y se olvidan del “hardware”, de los fierros, de todo lo que todos usamos (ellos incluídos). Se olvidan así de la complejidad social. PERO LA USAN.
    La DIVISION DEL TRABAJO, es un hecho social, más allá de hablar de capitalismo, comunismo o lo que sea.

    7) Por ende, es preocupante que desde esos autores, se valore como individuo realizado solo al que logra insertarse socialmente en actividades creativas y no se valore al que realiza funciones sociales “repetitivas”, o “no cualificadas”, al que se lo emparenta con nociones de “alienación”, cuando no de “fracaso”.

    8) En ese sentido, creo que viejos autores y luchadores socialistas, ya a fines del siglo XIX, dieron una clave casi perfecta para resolver las angustias existenciales que da la tirantéz moderna de “individuo” vs. “sociedad”. Y es la vieja fórmula 8-8-8. Ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio y ocho horas de descanso. Y claro, sí luchar para que todas las personas tengan derecho no solo a ese ritmo existencial, sino también a los bienes que les permitan aprovecharlos. Esa era la lucha.

    9) Por eso, poner como en polos opuestos “creatividad” vs. “rutina” me parece erróneo. Ambas situaciones forman parte de la vida, que justamente, es una compleja mescla de circunstancias. Y en ese sentido, que la escuela eduque para llevar a cabo lo PLACENTERO (pensando en un “super individuo”) y no para hacer también las OBLIGACIONES (emparentando a estas con una “mutilación” del individuo), es una educación abstracta. El mundo social (y “el otro” que no soy yo) nos esperan con sus exigencias históricas, y en ese sentido, tenemos que estar capacitados para afrontarlas.
    En ese sentido, creo que la educación no debería perderse la, hoy utopía, de que haya 8 horas para dormir, 8 horas para hacer lo que hay que hacer (recoger la basura, fabricar tuercas o investigar la vacuna contra el HIV) y 8 horas para hacer lo que se quiera hacer (que el que junta la basura pueda leer y entender a Foucault si quiere, que el que hace tuercas pueda ser músico y el que investiga la vacuna contra el HIV pueda escribir notas en una revista de observación de pàjaros, si quiere).
    Es tan obvio como que ninguno de nosotros tendríamos tiempo para estudiar esta materia si tuviéramos que hacer multitud de tareas que hoy nos resuelven la división social del trabajo y permite que nos despreocupemos de ellas. Sería imposible estudiar si tuviéramos que preocuparnos de la generación de luz en la noche, hacer nuestros alimentos, nuestra ropa, nuestras herramientas de escritura, etc,etc, etc. Todos nos necesitamos mutuamente en los distintos roles. Eso no debería implicar explotación ni pauperización (que es reparto de la riqueza social, que es OTRA COSA).

    10) En ese sentido, en tanto seres sociales, un individuo libre, es un individuo que controla su deseo. No que está preso de él. Los autores que llegaron a esta conclusión, son muchos (ni que hablar del psicoanálisis). Y respecto a esta materia, Freire lo menciona a su manera.

    11) Por ende, y cerrando, estoy en desacuerdo en que la educación responda solo a intereses personales. Abstrae el contexto social que permite la existencia de cada persona.
    De hecho, así planteado, me parece una “trampa” para acrecentar más las brechas sociales HOY EXISTENTES, retroalimentando las realidades sociales en que el sujeto vive. El chico de clase media, ya tiene como una de sus expectativas de vida el ir a la universidad y ser médico. El chico de los sectores populares, en general, no. Y la escuela debería tratar de que ese chico de los sectores populares las tenga y ampliar su universo hacia otros universos EXISTENTES pero que no le tocan vivir. No volverlo esclavo de su universo inmediato. Así, el planteo parece mas conservador que otra cosa, ya que es probable que el resultado sea una retroalimentación de la estructura social, a partir de individuos tomados “abstractamente” (como los toma la filosofía liberal) . Claro, todo esto pensando en la actual sociedad dividida en clases en la que vivimos.

    12) Lo que vuelve sospechoso a estos planteos de la educación “personalizada”, es su radicalidad. Vuelven el debate a un “bit”. O una cosa o la otra. Blanco o Negro, Cuando en realidad, debería ser un “Y”. Una parte de la educación para el deseo y su canalización creativa, otra para el acostumbramiento a cumplir deberes, aunque no nos gusten. Una parte para comprender lo local, donde se desenvuelve la vida inmediata. Y otra para lo universal. Creo que el texto de Morín nos da unas pautas bastante claras para ir profundizando en ese sentido.

    13) Y, creo que como ejercicio necesario, amerita contextualizar este debate en la institución donde se lleva a cabo. La Facultad de Cs. Sociales de la UBA, una institución autárquica que da educación universitaria libre y gratuita, haciendo cumplir un derecho social, la educación, subvencionada por el Estado, pero que tiene como destinatario a un INDIVIDUO que puede hacer con ella lo que quiera. Por ejemplo, recibirse e irse a vivir al exterior para siempre, al otro día de haber obtenido su título, teniendo así la opción de no retribuir en nada a la sociedad que, con los impuestos surgidos de ella (con sus contradicciones y lo que sea), le pagó su educación superior. La UBA no tiene ningún mecanismo para asegurar algún tipo de retorno social por parte de los egresados que recibieron ese derecho social. Egresados que son mayores de edad, no menores (la distinción no es solo un detalle).
    En ese sentido, creo que la UBA tampoco tiene resuelto el debate, ya que en su funcionamiento se mezcla el cumplimiento de un derecho social pero para un individuo atomizado y, en cuanto a su deseo, soberano.

    Pd: Perdón por la falta de rigor en la utilización de los términos, pero esto fue escrito usando solo la memoria en el horario de almuerzo. En ese sentido, me arrojé a las reglas del debate, mas basado en la opinión y en el encadenamiento argumentativo “in situ”, no de un paper académico.

  6. Desde mi opinión, creo que muchas veces hoy el sistema educativo reproduce y legitima las desigualdades entre los individuos, donde sólo el mérito y el esfuerzo de los más “capaces” son los que logran el éxito.
    Y esta despersonalización lleva a que muchas veces el alumno no llega a desarrollar/aprender ciertos núcleos básicos de aprendizaje, lo que da como resultado una frustración, seguido de la deserción escolar, sobre todo en las sociedades más vulnerables.
    Por lo cual adhiero a pensar en una educación que ponga foco en lo vincular y que sea más inclusiva, partiendo de esta idea de “educación problematizadora” que sostiene Freire, donde se busca romper con la pasividad del individuo y propone una comunicación con un ida y vuelta entre el educador y los educandos.

  7. Creo que la educación debe nutrirse de los saberes e intereses de los estudiantes a la hora de pensar la tarea como docentes, de encarar la enseñanza de los contenidos. Esto facilitaría que los chicos “se enganchen” y puedan aprender aquello que creemos que es importante que sepan.
    Sin embargo, no creo que la educación personalizada sea la clave de la educación escolar: siempre hay contenidos que están establecidos como obligatorios, y por tanto, se supone, son importantes. Es deber del docente elegir cómo los va a dar y en que hará o no hincapié.
    Por otro lado, me parece importante que se tomen en cuenta la defensa de los saberes locales frente a los “universalistas” (más aun porque los que se pretenden “universalistas” suelen ser los saberes locales de otros lados).

  8. Retomo esta pregunta: ¿Es deseable que la educación se centre en los intereses y deseos personales de cada estudiante?
    Desde mi punto de vista, el sistema escolar debe poner la vara lo más alto posible. La escuela tiene que tener la obligación de exigirle a los alumnos aprender temas que están por fuera de sus intereses.
    El caso de la literatura es un buen ejemplo, en este sentido creo que la escuela debe proponer contenidos que no siempre son conciliables con los gustos de los alumnos para, de ese modo, interpelarlos desde otro lugar que el de la “simple lectura”. Hay textos clásicos que en primera instancia pueden parecer aburridos a los alumnos pero no por esa razón deben dejar de darse ya que si se consigue que el libro sensibilice algún interés de los estudiantes podrá abrirles un campo creativo y movilizante. Creo que en esta instancia el rol del docente es fundamental como puente entre el libro “aburrido pero movilizante” y el alumno.

    Saludos,

    Ramiro Parodi

  9. Hola! Justo ayer me quedé conversando con uno de los preceptores de la escuela en la que trabajo y él me hablaba de armar un proyecto especial. Un proyecto que de cuenta de la realidad de la escuela, de cómo son sus alumnos, la comunidad, etc, para tener todo organizado y poder, en lugar de pedir favores, pedir créditos, préstamos para equipamiento, talleres, materiales y demás. ¿Por qué esta necesidad casi urgente? Porque desde 2009 él conoce sólo dos chicas del secundario común que pasaron a la universidad, así que estaban pensando en que muchos quedaban “en banda”, así que les atraía la idea de introducir oficios para que los chicos tengan más herramientas laborales más allá de las intelectuales planteadas por la propia orientación del instituto, Comunicación. No sé, por frustración tal vez, muchos sienten que estas “herramientas” son más útiles que cualquiera de los demás contenidos.
    La propuesta del debate me trajo a la memoria esta charla que pareciera resumirse a qué sirve y qué no sirve (y lo que la misma palabra “servir” remite). Yo escucho a mucha gente hablar de que un país debe “formar” lo que necesita y esa pareciera ser la respuesta más fácil y rápida que algunos dan dar por ignorancia y otros por conveniencia.
    Yo me inclinaría por integrar y no excluir, me parece que caminaríamos hacia la democratización de la cultura, una cultura pública común, de variedad, de riqueza de prácticas de conocimiento (Dussel y Quevedo). Centrarse en individualidades… no se, las dos últimas preguntas disparadoras me hacen mucho ruido, me suena un poco a trampa, a fragmentación y “fragmentar el saber desintegra los problemas fundamentales del mundo”, dice Morin.
    Saludos y hasta mañana,

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